Tuesday, March 30, 2010

LAS CULPAS DEL CINE NACIONAL CAPITULO I

El Festival de Cine de Guadalajara es una hermosa burbuja de fe y amor al cine. Por unos días, la gente discute, habla, respira, ve, compra e intenta vender proyectos, ideas -y cursimente, sueños-. Hay conferencias, una que otra “luminaria”, harto estudiante, muestras de equipos, etc, etc. Pero básicamente lo que hay, es esperanza.

Lo malo es la realidad fuera de ese oasis mental al que los asistentes peregrinan cada año. Las películas mostradas pertenecen a una generación nueva donde ni son los bodrios con mal sonido de antaño, ni son las pelis “light” con look de comercial, ni salen los Bichir (como un ejemplo de los clichés alrededor del tema, no porque tengamos nada en su contra), ni son marañas ininteligibles cortesía de las vacas sagradas de la industria que no conectan con el público. Es un cine bastante repuestito, digamos. Competitivo en muchos frentes con lo mejor del cine internacional. Pero como dice la canción: “si nos dejan”. El público las llegará a conocer algún día.

Peroratas van y vienen de parte de todos los rincones de la industria ante los exhibidores como si fueran ellos la única causa del problema de la poca recepción -y negocio- de las película mexicanas. Ya en un post anterior hablamos de las fallidas mecánicas de promoción de la industria. El juego acá es el mismo. No podemos seguir culpando al ente gobierno de su falta de apoyo o de su proteccionismo, ni a los exhibidores por querer engordar de palomitas a la nación en base a estrenos apabullantemente hollywoodenses cada fin de semana.

Esto es un negocio. Si las películas nacionales lo fueran ellos con gusto darían todas sus pantallas para beneficiarse de eso. No es un pensamiento a priori “imperialista pro-cine americano”. Cinépolis (cadena 100% mexicana) es uno de los 5 exhibidores más grandes DEL MUNDO. Promotores además del Festival de Cine de Morelia y con salas ahora hasta en la India. Lo que hace a Alejandro Ramírez, su Director General, una persona bastante inteligente y versada en las economías del cine. Sería tonto desdeñar algo que le diera más alcance o penetración. El cine nacional todavía no lo es.

Calderón anunció el Programa de Apoyo, etc,etc, de Alto Impacto, que básicamente es un incentivo fiscal con devolución del 7.5% de la inversión en proyectos de 70 millones de pesos en producción o 20 millones en postproducción. A grandes rasgos. Esto para intentar competir un poquito contra los mega incentivos que tienen diferentes estados de Estados Unidos (como New Orleans, Texas, Albuquerque, Nuevo Mexico, New York) que se fueron creando en la última década para evitar que las grandes producciones de cine y televisión migraran a Canadá u otros países. Por ejemplo, Manitoba, provincia de Canadá acaba de anunciar incentivo del 30% sobre producciones internacionales, para tratar de quitarle el pastel a la Columbia Británica, Ontario o Quebec que tienen incentivos del 25% y buena parte de las producciones audiovisuales norteamericanas. Aunque el 7.5% contra un 30% parece poco competitivo, la paridad peso-dólar y la abundancia de locaciones naturales puede balancear la situación para este nuevo Programa. Lamentablemente, poquísimas películas mexicanas podrían salir beneficiadas.

El promedio del costo de las producciones mexicanas anda entre 12 y 25 millones de pesos en la actualidad. Según IMCINE, y gracias a que después de un intenso lobbying de algunos grupos de alto perfil como la gente de Canana o Argos, el gobierno dejó de manosear el Artículo 226 y las partidas presupuestales que cuenta el IMCINE y FIDECINE, y regresaríamos a la posibilidad de tener unas 40 películas producidas al año.

El Artículo 226, ha ayudado enormemente a que la iniciativa privada se involucre en la producción de cine mexicano. Siempre envuelto en el halo del supuesto glamour o de la visibilidad mediática del entretenimiento, muchas empresas le han apostado recursos a tal o cual película. Desgraciadamente pocas han visto algún retorno como para poderlo ver como inversión. Por poner un ejemplo, en el primer fin de semana de las vacaciones de Semana Santa, las producciones nacionales "RockMarí", "La Última y nos vamos" y "2033" han visto desplomarse sus sueños de negocio con ingresos de $53 mil, $336 mil y $163 mil pesos. Nada. Mientras, el Top 10 de esa semana anda desde los $16 a los $2 MILLONES de pesos. Cuántas empresas le seguirán entrando al 226 mientras sigan los ingresos de esta manera? Puede ser algo que acabe desilusionando a todas las partes, sin duda. Obvio quedan los llamados “ancillery markets”,como el DVD, TV Cable y Abierta o la distribución internacional en los mercados y festivales, pero se vuelven corridas comerciales muy largas y con muchas bajas en el camino. Por eso se dice en México que la película más difícil de hacer para los directores es la segunda.

Carlos Carrera y María Novaro, dos veteranos del “nuevo cine” mexicano de los noventas, regresaron con mucha fuerza en este Festival de Guadalajara. Sus películas, “De la Infancia” y “Las Buenas Hierbas” ganaron buena cantidad de premios y sobre todo el reconocimiento y cariño del público. Eso sí, dramones. Ni la comedia ni la ficción le siguen saliendo a las producciones mexicanas. Supongo y espero que sea algo relacionado con el oficio de los guionistas y directores. Años y años de consumir y crear dramas en México gracias al cine de oro, a las telenovelas y a las insufribles películas de Ripstein y hasta Silvia Pinal y sus Casos de la Vida Real, nos han hecho expertos en este género. Los otros, van de lo simplón a lo wannabe. Tal es el caso de “Depositarios”, que desinfló toda expectativa que tenía en los asistentes de Guadalajara para hacerlos salir de la sala con comentarios como “...es peor que 2033, imagínate!”. Caso raro y aparte es el género de terror/horror que pese a un gran impulso que tuvo con “Kilómetro 31” no ha generado un auge como se hubiera esperado. Más cuando las películas llamadas así: “de género”, son bastante benevolentes en taquilla, aún siendo malas, conviertiéndose en verdaderos “cash cows” para distribuidoras como Star Castle, Artecinema o Videocine.

Ninguna de las películas presentadas o ganadoras en las diferentes secciones de Guadalajara cuenta con distribuidor todavía. MUCHAS de las películas presentadas el año pasado tampoco.

Este es el otro cuello de botella.
Y luego, muy de cerquita, viene la prensa y el público.

Oliver Meneses

Monday, March 8, 2010

LOS OSCARES Y LA ACADEMIA REGION 4.

La entrega de los Óscares es el placer culpable más grande en la historia del entretenimiento. Cada año, todo mundo putea alrededor de el evento. Todo mundo se vuelve crítico de cine, de moda, de medios de comunicación, de guionismo televisivo, de traducción simultánea, etc., sin mencionar obviamente los sesudos e instantáneos adjetivos para los nominados y cada uno de los ganadores en las diferentes categorías.

Todo mundo se queja. Hasta los que asisten en vivo al evento en Los Ángeles. Los meros-meros actores, actrices, divas, productores. Que si dura mucho, que si los cortes a comerciales, que si el acomodo de los asientos, que si tal o cual Host, que si el tráfico de limos, que si 10 pelis son muchas, seguido por un largo etcétera.

Aún así, la entrega de los Óscares es algo que tiene a un par de billones de personas, en todo el mundo, pegados a la televisión. Según datos de las cadenas norteamericanas, este año rebasó el rating de los 5 años anteriores con unos 41 millones de telespectadores en Estados Unidos solamente. 

Lástima que no haya pasado algo realmente memorable. 

La mayoría de los ganadores correspondían a las predicciones -y apuestas- que semanas atrás se venían manejando en los medios.

No hubo ningún “Oscar Moment”, ésos que hace las delicias de los medios y espectadores en la miríada de clips-ensamble que se generan año con año. El único, será quizás el de la directora Bigelow, que se erige como la primera mujer en ganar la estatuilla en la categoría de dirección y la gran coincidencia de ser ex-esposa del también nominado y controversial “King of the world”. El otro asunto memorable -pero fuera de la transmisión- fue el twitcast. Twitter permitió a miles de personas en todo el mundo opinar en línea, en tiempo real, de lo que acontecía por televisión. Si bien había muchos medios profesionales como Variety, Hollywood Reporter o CNN, a la par decenas de reporteros twiteaban sin parar sus experiencias personales, la gran masa nos conformamos en “echar la chacota” del evento, como si estuviéramos todos en una gran sala comunal donde cruzaban los chistes de un lado al otro de la red en diferentes idiomas. 

En la organización del evento, este 2010 vio el incremento de filmes nominados como “Mejor película” de 5 a 10. La última vez que sucedió esto fue cuando ganó “Casablanca”. Imagínense. La razón? Detonar las economías alternas que confluyen en el evento y en el telecast. Las revistas, los medios online, los periódicos, la publicidad outdoor, las agencias de RP y publicity, etc, etc. La derrama económica aumentó, si bien no al doble, sí un sano porcentaje. 
Otro cambio, el experimento con dos Hosts. Por simpáticos que fueran Steve Martin y Alec Baldwin, el resultado no fue nada del otro mundo, bien pudieron haber conducido “Doogie Howser” y el avatarizado Ben Stiller. El resto de las cosas permanecieron masomenos igual que como las hemos visto en las últimas, digamos, 30 ó 40 entregas. Ese template ha intentado ser copiado sin mucho éxito para TODAS las entregas de cualquier premio en cualquier parte del mundo. Desde la el reconocimiento de la Vendedora Diamante de Amway hasta los premios de oficina navideños al empleado “más cotorro”. Claro que nadie lo ha llevado a ese nivel clichesoso de glamour y perfección. Hasta festivales de cine del circuito mayor, como Cannes, Berlín o Venecia toman prestadas referencias de cómo lo hace la Academia en Estados Unidos. Y sólo lucen “de a de veras” cuando hay artistas Hollywoodenses caminando por las respectivas alfombras.
Penosas, eso sí, muchas de las adaptaciones locales en los premios país por país donde cada “Academia” hace sus reconocimientos. En México, los Arieles, cada vez más deslucidos, se presentan gracias a una Academia vetusta y anacrónica, pierdendo cada año recursos, credibilidad y medios que la cubran o la publiciten. Y no es para menos. Uno, la industria se ha movido como montaña rusa donde ha venido de 7 a 40 y pico, a otra vez 7 producciones al año. Y menos de una decena de películas no te hace una industria. Luego, los miembros en México de dicha agrupación pertenecen a otra generación, otras sensibilidades y otra red de amiguismos que nada tiene que ver con lo que la gente ve en las salas hoy en día.

En Estados Unidos, y por muchos años en el mundo (antes de la globalización de Internet), el decir “ganó un Oscar” significaba muchísimo para la gente. Había una credibilidad y un verdadero juicio de valor en ello. Hoy no tiene la misma importancia y la gente acabó entendiendo la subjetividad de ése y de cualquier entrega de premios. Que además han proliferado sin mesura y se han convertido en máquinas de promoción. Al final, nos volvimos más cínicos.
En México, el año pasado cuando por factura, popularidad y taquilla “Arráncame la vida” pudo haber arrasado la entrega de los Arieles, la “Academia” nacional le negó el premio relegándola a Mejor Adaptación solamente. Este año, nos guste o no, “El Estudiante” ha estado en boca de muchos en México como el fenómeno de taquilla. Pero para los miembros, no se les hizo “lo suficientemente buena” para incluirla en alguna categoría, pero en cambio, vemos nombre de actores, actrices y películas que nadie conoce y que sin contar con distribución pueden ganar algún premio. Eso es desconcertante. 

Si bien puede ser muy meritorio, como el ejemplo de Teresa Ruiz en Viaje Redondo -ganadora en Colombia y en el FICG del año pasado- la gente no ha visto esa película y, para ejemplos prácticos, no podrá dar un argumento a favor o en contra de la película ante las decisiones de un ente etéreo como es la Academia Mexicana, levantando el eterno “sospechosismo” de quién está detrás de ese tipo de acciones. Y todo esto acaba alejando a la Academia de la gente que paga su boletito en las salas.

Para lo copiones que son la mayoría de los mexicanos que trabajan en el espectáculo o entretenimiento nacional, ésta es una de las reglas que bien podrían haber copiado de la Academia Norteamericana: “La película suscrita tuvo que haber estado, dentro del período de selección, al menos una semana consecutiva en exhibición en una sala de cine abierta al público para poder ser elegida”, se lee en el instructivo de inscripción de piezas a los Óscares. Es lo menos, no? Eso forzaría a los productores a buscar distribución y exhibición ANTES de buscar un Ariel, y así con el éxito y apoyo -o no- de la audiencia, se hacen unos premios más interesantes donde la gente está involucrada de base. Sería un mejor espectáculo, más mediático, más derrama de dinero en las industrias alternas y se empieza un círculo virtuoso de promoción del cine nacional. 

Vean nomás AMERICAN IDOL o hasta LA ACADEMIA, o cualquiera de estos programas de televisión que arrasan en ratings y que, hasta visualmente, están mejor producidos que los desangelados Arieles. La gente está involucrada, ni qué decir de los patrocinadores o las televisoras. Imaginen el clamor nacional de ver la Mejor Película de unos Arieles bajo este esquema, jugar en la cancha de los Óscares. Se convierte en deporte nacional. Pero digno. Así pasa en cada país que tiene alguna apuesta fuerte. Las ciudades se paralizan para ver si su “selección” gana o no alguna estatuilla conviertiendo al director o actor o productor en héroe nacional. Vean la fabulosa experiencia que fue para India el retrato que el brit Dany Boyle les hizo en “Slumdog Millionaire”. Experiencias similares han vivido España con Almodóvar, China con Lee, Italia con Benigni, recientemente Argentina y otros tantos cada año.

Aunque el mundo entero se queje, el mundo entero ha soñado, al menos una vez, en el glamour, el nervio, la realización profesional, el ego-boost, etc, etc, que significaría la alfombra roja, la nominación, y el ganar un Óscar. El mundo del entretenimiento se ha alimentado de ello los últimos 82 años. Muchos sueños de profesionales han sido detonados de ver la entrega y escuchados una y otra vez “agradezco a mi agente y a todas las personas involucradas, bla, bla, bla”.
Estaría bueno que gracias a las pilas de toda una nueva industria mexicana de cine, y una posible refundación de la Academia, ese papelito mental donde todos hemos escrito nuestro speech de agradecimiento se desempolvara y lo pusiéramos en práctica, ahí junto con nuestro smoking hecho a la medida por nuestro diseñador internacional favorito. Eso sí, el primero que pase, por favor que no agradezca a la virgencita ni cierre con “viva México, cabrones!”. 

Música maestro...

Oliver Meneses

Monday, March 1, 2010

POLO-POLO Y EL EXPERIMENTO DE LOS CONTENIDOS

"Está difícil, hay que amortizar el costo de los proyectores, pero ya no queda de otra" fue la sentencia que me dio un exhibidor del bajío -que opera una cadena de cines en varias ciudades a manera de negocio familiar- en la presentación con un distribuidor grande.
Bajo esa premisa, la llegada del cine digital a todas las salas del país va escalando, desde los emporios de Cinépolis o MMCinemas/Cinemex hasta el cine de pueblo. Pero la conversión no es fácil, a pesar de tener a grandes evangelistas como George Lucas o James Cameron y compañías como Dreamworks o Pixar, el negocio día a día y la crisis han retardado un par de años las expectativas que se tenían.
Hace unos años fui a la NAB en Las Vegas y la atracción principal, aparte de la presentación oficial de la hoy omnipresente cámara RED fue precisamente el buzz acerca del Cine Digital. En los pasillos de conferencias, entre demostraciones a eternum de "300" todo mundo pronosticaba el crecimiento de mercado mientras se rascaban la cabeza intentando definir workflows y standards que funcionaran para la mayoría de los países.
Flash-forward al presente y los sistemas de trabajo no fueron tan complicados y a casi un año de la crisis+influenza debacle, los exhibidores siguen rompiendo sus cochinitos para entrarle a la conversión.
El costo de un proyector digital varía mucho, obvio si es resolución 4K (el doble de HD) o 2K, el número de salas a convertir, el tamaño del exhibidor, el tipo de servicio post venta, etc, etc, y son deales que se hacen con todo el lobby (legal y obvio, también bajo del agua) como cualquier venta corporativa gran escala en el mundo. Por lo que a pregunta directa "cuánto te costó?" nadie dice algo concreto a la primera.

Si bien uno de los principales desarrolladores de la tecnología y pioneros en instalación fue Texas Instruments -licenciado a través de aparatos de Barco, Christie y Nec-, es Sony el que desde su marca CineAlta ha ido dominando poco a poco el mercado.
Como paralelismo a lo que sucede en las home theaters del mundo, a la gente (en este caso los compradores corporativos) les da seguridad una marca confiable para su audio y video como Sony. Al final de cuentas, es como si fuera sólo un proyector y un Blu-Ray nuevos y grandes, pero caros. Mucho.
Y por eso hay que amortizarlo.

Además de la euforia por directores, productores y distribuidores en generar contenidos 3D (uno de los  argumentos evangelizadores más fuertes para la conversión), y su inherente sobreprecio de taquilla, los exhibidores buscan otras maneras de traer gente a sus salas digitales.
Cinépolis anunció a principios de febrero un convenio con Fox Sports para traer contenido a sus salas, Cinemex ha mantenido su arreglo con la NFL para algunos partidos del Lunes por la noche, Televisa hizo una exitosa transmisión de prueba de un clásico América-Chivas en 3D y ahora el comediante Polo-Polo hace un estreno de un show grabado en noviembre del año pasado.
En el mercado norteamericano ha habido un pequeño auge de los espectáculos en vivo pensados para cortas ventanas de exhibición en cine y un jugoso negocio en venta/renta de DVDs y Blu-Rays. Los Jonas Brothers, Miley Cirus, Celine Dion, Michael Jackson, Taylor Swift, U2 y otros tantos, se han beneficiado de las tecnologías 3D y la exhibición digital para llegar a mercados donde sus conciertos no pisarán. Compañías y proyectos se están creando con este fin exclusivamente, como los combos de Larger than Life 3D (que presentará a Dave Matthews, Gogol Bordello y Ben Harper grabados en diferentes presentaciones en festivales varios de EU).

Con valores de producción al otro lado del espectro, Polo-Polo y la productora Delirium Filmens, se avienta esta semana el experimento de llevar a las pantallas entretenimiento "de cabaret" clasificación C por primera vez en México. Según la distribuidora serán 185 copias en una semana (con dos fines) en todo el país. Los primeros números indican que llevan un poco más de $2 millones. Con lo cual hace un pronóstico de llegar cómodamente a unos $6-7 millones por su corta ventana. Con el resto de los días, digamos que será quizás un negocio de alrededor $3.5 millones (menos publicidad y gastos de producción del video) para cada una de las partes (distribuidora/exhibidores). Nada mal para unos 8 días. Y pensando que es más de lo que han hecho en su primera semana producciones nacionales como 2033 o AAA, es un muy buen experimento. Hace unos 25 años Polo-Polo prácticamente lanzó su nombre al estrellato con la venta de sus shows en vinyl y cassette, algo que fue un parteaguas en el entretenimiento del país (en el extranjero, los argentinos Les Luthiers venían haciéndolo desde años atrás), pero que a la postre nadie fue capaz de capitalizarlo por esa vía a gran escala.

Experimentos siguen en el horizonte. Los contenidos seguirán reinando hasta nuevo aviso. Ya sea en internet, en las salas de cine reconvertidas o en aparatos móviles, veremos más flavor-of-the-week shows, one-hit-wonders, y uno que otro proyecto que cambie la faz del entretenimiento.
Mientras, y parafraseando a Polo-Polo "me dije a mi mismo: mi mismo, quién será el ganón en este nuevo show?", y mi respuesta fue, "creo que los mismos de hace 25 años, el comediante mismo, y desgraciadamente, los piratas".
Oliver Meneses